El Retiro: el municipio que se resiste a ser ciudad
En medio de un boom poblacional y un acelerado crecimiento inmobiliario, El Retiro, en el Oriente antioqueño, busca un equilibrio entre el progreso urbano y la tradición.
Cuando José María Gutiérrez llegó a El Retiro en la década de los 80, recién se había casado con la mujer que aún hoy es su esposa. Sus sueños eran sencillos, pero requerían trabajo: construir una casa en medio de la naturaleza. Así, peso a peso, lograron comprar el lote en el que paulatinamente —y comenzando por el baño— edificaron su hogar. “Era un pueblo muy chiquito y tranquilo: tres o cuatro tiendas y una vida muy sencilla”, recuerda.
En las últimas veinte años, sin embargo, el desarrollo urbano se aceleró. En los primeros años del 2000, el fenómeno de las segundas viviendas comenzó a crecer, principalmente en fincas y parcelaciones. En 2012, cuando Medellín cerró gran parte de sus laderas a la construcción, las inmobiliarias empezaron a mirar hacia al Oriente cercano. Para 2018, la población ya superaba los 25.000 habitantes —frente a 15.000 en 1999— y en el 2019 el sector del comercio, hoteles y restaurantes representaba la principal actividad económica del municipio.
Principales cambios en la demanda de vivienda del Oriente
Después de que la pandemia por el covid-19 abriera el camino al trabajo remoto, la demanda de vivienda en El Retiro y el Oriente cercano se multiplicó y, consigo, la tipología de sus habitantes.
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Según la Cámara de Comercio del Oriente Antioqueño, regiones como esta han incrementado su población, superando incluso la velocidad de crecimiento del Valle de Aburrá. El altiplano donde se encuentra El Carmen de Viboral, Santuario, Guarne, La Ceja, Marinilla, La Unión, Rionegro y El Retiro, concentra el 72,2% de la población del Oriente antioqueño. Y, a medida que su población crece, también lo hacen los proyectos inmobiliarios, dando lugar a nuevos formatos de vivienda y oportunidades de inversión.
Así fue como José María vio brotar edificios “encima de las calles”. Pero el crecimiento también trajo beneficios: la recaudación de impuestos aumentó, permitiendo la financiación de importantes obras públicas.
Planificación urbana para preservar la identidad
“Hoy el reto es planificar sin perder nuestra identidad”, afirma el alcalde Santiago Montoya, quien buscando equilibrar el desarrollo urbano y la identidad local, insiste en que El Retiro no será una ciudad: “Congelamos las normas urbanísticas. No permitimos edificios altos ni lotes rurales demasiado pequeños”.
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Ecoturismo y nuevas iniciativas en El Retiro
El turismo y el comercio también florecieron, potenciando la oferta hotelera y gastronómica, aspectos que incluso se integran en el Plan de Desarrollo de la región. Un terreno fértil por explorar, pero que también enfrenta el desafío de mantener el equilibrio entre la población local, sus dinámicas y sus tradiciones. Como señala Andrés Felipe García, cofundador del diario municipal El Guarseño, y oriundo del municipio, hay una paradoja con algunos restaurantes: “traen opciones gastronómicas, pero no todos pueden pagarlas”, un proceso de gentrificación que puede desplazar a la comunidad local y, con ello, reemplazar la actividad económica tradicional.
En compensación, García destaca iniciativas como The House, por la que nuevos habitantes y empresas financian cursos de inglés para la comunidad local. Un idioma con el que, según el Plan de Desarrollo Municipal, los pobladores obtendrían mejores oportunidades laborales y profesionales, si tenemos en cuenta que para 2024 la tasa de personas que sabe un segundo idioma en El Retiro es del 4 %.

Conservar la esencia del Oriente antioqueño, en medio del crecimiento
“Un municipio lento” es la apuesta del nuevo Plan de Desarrollo Territorial 2024-2027 que busca equilibrar el desarrollo urbano y económico con las tradiciones oriundas del territorio.
Aunque José María no participe mucho de las festividades de El Retiro, reconoce que mientras estén bien administradas, pueden contribuir a la comunidad. Fiestas tradicionales como la de Los Negritos, la Virgen del Rosario y eventos como La Retreta, un concierto público que se celebra cada primer sábado del mes, son un crisol donde conviven nuevos y viejos habitantes. Andrés García, destaca que “la banda toca para todos y lo bonito es que se juntan y se desaparecen las clases sociales”.

Foto: Carlos Velásquez
Evitar que la brecha entre pobladores nuevos y locales sea más grande es uno de los principales retos de la región. En este sentido, la Cámara de Comercio del Oriente Antioqueño implementó en sus Planes de Ordenamiento Territorial (POT) límites claros para el crecimiento urbano, al priorizar la densificación en áreas ya desarrolladas.
Mientras José María recuerda cuando hace 30 años sus tres hijas viajaban a la cabecera municipal a caballo, en caminos rocosos con barro, la diferencia territorial se hace cada vez más grande. El Retiro le dejó a él y a su familia un sinnúmero de anécdotas pueblerinas y, eventualmente, ser guarceño se volvió una identidad: “los que vivíamos acá, en los 80 o 90, éramos puros sollados, amantes de la naturaleza”, palabra que sigue preservando la esencia de quienes habitan hoy este territorio: ‘personas con una sensibilidad diferente’.
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Foto: Andrés Camilo Suárez