Paulina Escobar: una arquitecta sin fronteras
Textos: Federico Hoyos Gutiérrez
Viste como ejecutiva, con blusa blanca y pantalón negro. También podría decirse que los gestos y maneras delicados hacen parte de su atuendo. Sonríe, le gusta conversar y sus palabras fluyen, vocalizando cada sílaba con el acento cantado de los antioqueños, aunque, de vez en cuando, también brotan de sus labios algunos anglicismos, pronunciados en un impecable inglés americano.
Sus ojos resplandecen al hablar sobre su pasión: la arquitectura. Se llama Paulina Escobar. Desde niña tiene la costumbre de afilar el lápiz, rayar el papel y en cada trazo ir descubriendo lo que se esconde en las páginas. “Soy una persona muy manual”, cuenta, “las ideas solo importan si eres capaz de ponerlas en el papel”.
Se aventuró a estudiar Arquitectura en la Universidad Pontificia Bolivariana sin estar segura de la decisión, pero esta carrera la sedujo desde el primer semestre; desde la primera clase. “En esta profesión encontré un matrimonio entre el diseño, la creatividad, la lógica, la técnica y la matemática”. Disfruta caminar por las calles, mirando las fachadas de casas y edificios como si hablara con ellas. Las construcciones y las ciudades son para Paulina un pergamino por descifrar.

Habla con fascinación de Le Corbusier y Mies van der Rohe, los maestros que la inspiran, y se deshace en elogios hacia Rogelio Salmona, el arquitecto colombo-francés que, en palabras de la propia Paulina, “era un hombre capaz de dialogar con los entornos en los que estaba”. Es una mujer consciente de la responsabilidad social que implica su profesión. Para ella la labor de un arquitecto no es solamente dar forma a una edificación, sino también esculpir la identidad de una ciudad. Un arquitecto, cuenta Paulina, debe encontrar el equilibrio entre la estética y la funcionalidad: es un profesional que domina los verbos del habitar para crear espacios que perduren en el tiempo.
El deseo de abrirse al mundo
Paulina lo tenía claro: quería hacer sus prácticas profesionales en el exterior. “Medellín lo voy a tener toda mi vida. Después de la práctica puedo volver y trabajar acá”, pensó. Estaba “obsesionada” con Nueva York, esa ciudad que nunca duerme, donde los edificios desafían el cielo despidiendo brillos que parecen pequeños destellos de sol. Y como una persona se convierte en otra cuando toma una decisión, persistió hasta lograrlo. Tradujo su portafolio al inglés, envió correos a varias empresas, presentó exámenes y entrevistas hasta que en febrero de 2022 fue contratada por la firma de arquitectos neoyorkina Create Architecture, Planning & Design, en la que continúa trabajando actualmente.
“Al final del día son los mismos usuarios los que te dicen si está bien o mal hecha la arquitectura”.
Paulina Escobar, arquitecta.
En Create Paulina tiene la oportunidad de desplegar sus conocimientos en centros comerciales, parques públicos, conjuntos residenciales y edificios patrimoniales. Se le mide a todo, involucrándose en las diferentes etapas del desarrollo de un proyecto, desde la creación del concepto hasta la supervisión de la obra. Y en ese viaje del papel al concreto, las ideas se van transformando. La arquitecta participó en la remodelación del Saint David’s School, edificio patrimonial cercano al museo Guggenheim, en el Upper East Side de Manhattan, así como en el diseño y planeación del Luxury mall, en Palm Beach, Florida, con un área de 50.000 m2.
La historia de Paulina, cuya trayectoria profesional apenas comienza, es un testimonio de pasión y determinación. “¡Lo que me falta por aprender es impresionante!”, exclama. En cada edificio que esculpe y diseña deja un pedazo de su alma, como un recuerdo de que la belleza de la arquitectura reside en su capacidad para inspirar y transformar vidas.
