Los trazos de Marco Aurelio Baquero
En sus más de 20 años de experiencia, Marco Aurelio Baquero García se ha nutrido de la antropología y la filosofía para complementar su oficio.
En Medellín su obra ha quedado plasmada en obras como el Planetario Jesús Emilio Ramírez, el edificio EPM, el colegio Héctor Abad y la sede de Bello de la Universidad San Buenaventura, institución en la que además fue decano fundador de la facultad de arquitectura. Su arte también se ha extendido a ciudades como Villavicencio y países como El Salvador. Conversamos con Marco Aurelio Baquero para conocer su proceso creativo.
¿Qué busca en la arquitectura?
Desde mi niñez me gustaba mucho dibujar. Además, mi padre era un médico humanista que se preocupaba mucho por las personas. Ahí se juntaron el arte y el deseo de servir a los demás. La gente cree que la arquitectura es hacer planos y fachadas bonitas, pero para mí es la relación con los espacios. Poco se habla ahora de lo conceptual. Cuando se vende un proyecto lo último que se menciona es su ADN, su espíritu.
¿Algún artista que lo haya inspirado en su obra?
En mis viajes gasto el 80 % del tiempo en visitar academias o museos y me suelen preguntar cuál me gusta más o menos. Yo ese vicio no lo tengo […] Es como pasa con la arquitectura, se cuestionan si el edificio está bonito sin preguntar para qué se hizo. Mi fascinación no es la obra, sino su proceso.
¿Por qué?
La arquitectura es un arte personal, no como la ciencia que es colectiva. En el caso de una vivienda, a mí me gusta trabajarlo desde la antropología. Cada lugar tiene sus particularidades técnicas, pero también una familia con una cultura diferente.
¿Cómo llevó esto a sus obras que son iconos de ciudad?
He luchado mucho por crear conceptos y todos mis proyectos tienen uno. Para ello, se necesita tener la mente muy abierta y ponerse en blanco. Que sea la obra la que hable. No dejarse guiar por lo que está de moda. Por ejemplo, el Planetario, antes de su remodelación, era un pequeño templo. Tomamos referencias de la arquitectura religiosa, la distribución vertical y los recorridos para ir al altar, al campanario, que en este caso era el planetario en sí.
¿El concepto es la base de la arquitectura?
En el oficio del arquitecto hay tres cosas: función, técnica y estética. La parte funcional y técnica es cómo se construye, cómo se sostiene, cómo se relaciona con el medioambiente. La estética es el resultado de todo esto junto con el ADN de lo que se quiere expresar. Pero como sucede en otras artes, hay arquitectura muy bonita, que no dice nada.
¿Cómo se diferencia esa arquitectura bonita que no dice nada?
Hay edificios con problemas de relaciones, donde no te sientes bien, lugares que están mal de energía. Esto es porque no hay armonía y es precisamente por eso que los arquitectos tenemos que ocuparnos más de diseñar lo que no vemos y lo que la gente no ve.
¿Y cómo se crea esa arquitectura que no se ve?
Hay unos campos que son inseparables y que la informática y sus ayudas han degradado un poco. El dibujo es uno de ellos. Cuando dibujas estás llevando al papel lo que sientes, pero cuando te metes a un computador y tienes que darle esas medidas ya muy definidas, te saltas el paso de hacer un rayón, un boceto desde tu emoción.
¿Hasta dónde lo ha llevado el dibujo en la profesión?
Estamos haciendo en Cisneros un proyecto en una montaña muy bella. Estando en el sitio, vi un águila volar y dije: “¿por qué no hacemos que las casas vuelen como el águila?” […] ¿Cómo las vamos a sostener? De esos nos preocupamos en la marcha, lo importante es no limitarse.
¿Qué concepto tiene el Edificio EPM?
Las personas le dicen edificio inteligente, pero en realidad es arquitectura inteligente. Es un chasis al que se le puede quitar y poner cosas sin tocar ni un muro. Cuando se hizo no se hablaba de sostenibilidad y hoy es totalmente sostenible: no tiene pintura, no tiene madera, se limpia solo con agua y es un edificio de 142 mil metros cuadrados.
La sostenibilidad hoy es una noción vital ¿cómo la trabaja?
Siempre se habla de acomodar la naturaleza a la arquitectura. Yo pienso al revés, yo acomodo la arquitectura a la naturaleza. Miro por dónde viene el viento, dónde están las visuales, dónde sale el sol. La sostenibilidad no es solo tener energía solar o aguas lluvias en un proyecto, es respetar y entender la naturaleza.
Y ahora, ¿cómo concibe la arquitectura?
Una vez le encontré un escrito a mi padre que decía que su legítima esposa era la medicina, eso mismo me sucede a mí con la arquitectura. Es la pasión de hacer lo que hago y no repetir lo mismo; no es hacer obras por ego o porque queden bonitas. Evito las redes y entrevistas porque siempre digo que en vez de entrevistar al arquitecto deberían hablar con las personas que viven en los espacios.

