Vivir entre el matorral | Revista Propiedades

Vivir entre el matorral

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En pleno corazón de El Poblado, este edificio galardonado se erige imperceptible como un árbol más del sector. Una estructura sorprendente que se abre paso en medio del verdor.

Esfuerzos conjuntos Para llevar a cabo este proyecto, además de los diseños de Santiago Arango, fueron fundamentales los aportes del ingeniero forestal Luis Gonzalo Moscoso y del constructor Alejandro Molina.

Un caminante desapercibido que deambula las calles aledañas al Parque Lleras de Medellín jamás se percataría del edificio merecedor del primer puesto en la categoría Hábitat y Vivienda Colectiva de la XXV Bienal Colombiana de Arquitectura y Urbanismo. Sin embargo, tal como sucede con la naturaleza, hace falta un momento de detenimiento y observación para descubrir y apreciar lo que esconde el Matorral en sus ramas.

Desde afuera, una fachada sutil y poco aparente se alcanza a dibujar entre los tres árboles que crecen desde hace años en la jardinera de la acera. Los materiales protagonistas: ladrillo, concreto y metal oscuro crean una armonía de colores que mimetiza al edificio con su entorno.

“Queríamos que el edificio no se viera, que se perdiera y que diera la impresión de que lleva años ahí”, comenta Santiago Arango, arquitecto de ALH Taller de Arquitectura.

Dos formas geométricas predominan y distinguen claramente cada una de las partes de la edificación. Al lado derecho, largas líneas verticales materializadas en delgadas columnas de estructura metálica dejan entrever el punto fijo que alberga las escaleras y el ascensor. Al lado izquierdo, ventanas reticulares que van desde el piso hasta el techo demarcan los niveles, divididos por placas en concreto, jardineras adornadas con plantas que se entrelazan con las ramas de los árboles del exterior.

En la parte inferior, una puerta ancha y maciza, de madera rústica y borde metálico, da la bienvenida al inmueble. Aunque grande, su estilo sobrio no rompe con el resto de la fachada y, vista en conjunto, resulta discreta ante la magnitud de la estructura que guarda.

Una vez pasada la puerta, aún no se está dentro del lugar, pues el punto fijo, abierto a la calle en su totalidad -salvo por la estructura metálica-, deja entrar la naturaleza casi hasta las puertas de los apartamentos. “Apenas sales del ascensor sientes que todos los árboles se están metiendo, logramos crear esa conexión entre interior y exterior desde el primer momento”, anota Santiago Arango.

“Queríamos que el volumen arquitectónico desapareciera, como si el matorral se hubiera tragado el edificio”.

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Ventana al exterior:La ventanería reticular desde el piso hasta el techo permite la entrada del matorral a los apartamentos y una conexión de los habitantes con la naturaleza que rodea la quebrada La Poblada, límite natural del lote.

EL AFUERA QUE ENTRA

Como ramas que se desprenden de un mismo tronco, cinco apartamentos ocupan los cinco
pisos del edificio. Grandes puertas de comino crespo antiguo dan entrada a cada uno. La del último se desliza pesada sobre unos rieles cobrizos para dar entrada al hogar.

A simple vista, el apartamento con interiorismo de Mauricio Patiño pareciera estar conformado por un solo espacio que reúne cocina, comedor, sala y una oficina, con un esbozo de divisiones que dan algunos muros sueltos. “La idea era crear espacios muy limpios, diferentes a los segmentados que se ven normalmente”, explica el arquitecto del edificio, “lo importante de los espacios abiertos es que nos ayudan a generar ese vínculo con el exterior”, aspecto fundamental del proyecto.

Ventanales que ocupan toda la fachada trasera del edificio proporcionan la apertura necesaria para integrar el adentro con el afuera, el matorral con los apartamentos. Una vez más, los colores de los materiales juegan a favor de la ilusión de estar en una casa del árbol. Los tonos oscuros del concreto entablillado, el ladrillo requemado y la madera solo son interrumpidos por el verde de las plantas que entran sin reparo en la oficina, sala y comedor.

“Lo más especial de los apartamentos son las jardineras que rodean al edificio. Estas están
embebidas dentro de la misma losa de concreto y crean el efecto de terreno natural, como si los árboles nacieran del nivel 0”, resalta Santiago Arango. Una hazaña singular si se considera que en una profundidad de 45 centímetros se alcanzan a desarrollar árboles lo suficientemente sanos para dar naranjas y limones a sus habitantes.

“Quisimos probar que el verde no solo es un elemento decorativo, es decir, no debe quedarse en un muro verde, porque eso es poco ecoeficiente. En Matorral el verde tiene impacto en la huella de carbono y le aporta oxígeno al apartamento”, explica Santiago, quien se inspiró en el edificio Bosco Verticale de Milán,Italia, para llevar el ambiente propio del lote del edificio con su quebrada y árboles circundantes a la altura de los apartamentos.

EN PROFUNDIDAD

Un corredor angosto revela la bifurcación que lleva a los demás espacios de esta vivienda de dos pisos. Al fondo, a nivel, se abre la única alcoba del apartamento, grande y sencilla, con la continuación del ventanal piso-techo, pero esta vez con un pequeño balcón que, al salir, deja ver el resto de la fachada hacia abajo, cubierta de arbustos y árboles exuberantes.

El muro sobre el que está recostada la cama, sin ser pared, conecta los lugares y cumple una función de panel para separar el baño de la habitación. “Los muros sueltos continúan la profundidad visual, así los espacios se agrandan mucho más”, comenta el arquitecto.

También contribuyen en la creación de espacios asimétricos que van en congruencia con la forma triangular del edificio. El baño, integrado en su totalidad con el clóset, evidencia esto con su forma trapezoide, donde todo gira en torno a un mueble central con el lavamanos. Finalmente, de vuelta en el corredor, las escaleras flotantes conducen a una sala antes de revelar la verdadera estrella del segundo piso: una terraza a cielo abierto que hace las veces de patio al estar cubierta de pasto y adornada por los árboles que florecen en sus jardineras.

El destino termina en un espejo de agua del que sale un jacuzzi con vista a la ciudad entre las ramas de las palmeras que brotan en el jardín. Con esta vista y desde la cima de su Matorral Santiago Arango solo puede explicar el premio que recibió su creación apelando a la magia indescriptible que resguardan los árboles y arbustos: “Es un edificio que realmente
cuenta un cuento”.

Espacios que se mezclan: Las líneas que demarcan espacios tradicionalmente definidos y separados se borran. El baño y clóset se converten en un solo lugar que gira en torno a un mueble central con el lavamanos.
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Inversión de materiales: Tradicionalmente la madera toma protagonismo en el suelo, mientras que el concreto se ve en el techo. En Matorral se le da un giro a estos materiales atemporales con la parte superior en madera y el piso en concreto.

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SANTIAGO ARANGO
Nacido
Bogotá
Locación
Medellín
Empresa
ALH Taller de Arquitectura
Premios
Primer puesto en la categoría
Hábitat y Vivienda Colectiva de la
XXV Bienal Colombiana de
Arquitectura y Urbanismo