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Arquitecto INCANSABLE

Arquitecto INCANSABLE

Con más de 30 años de carrera como arquitecto, Felipe Uribe de Bedout reflexiona sobre su obra desde su refugio en El Retiro.

Textos
María Camila Duque Escobar
Fotos
Alejandro Arango Escobar,
cortesía UdeB Arquitectos

La primera versión de Estralandia –el juego de bloques de plástico para construir estructuras– que se vendió en Colombia llevaba como subtítulo de la marca el nombre Genio Constructor. Como si esto hubiera sellado el futuro, uno de los niños que armaba y desarmaba incansablemente era Felipe Uribe de Bedout, quien terminó siendo uno de esos genios, no constructor, sino arquitecto, merecedor de premios nacionales e internacionales y autor de obras tan reconocidas como el Parque de Los Pies Descalzos y el
Parque de Los Deseos.

Ahora, su patio de juegos es un amplio terreno ubicado en el municipio de El Retiro, que pertenecía a su familia y que, como él mismo dice, fue invadiendo de manera negociada. En él se ubican su oficina llamada UdeB Arquitectos, su casa, la casa de sus padres, una estructura que alberga en este momento una exposición que acompaña un libro que presentará este año y El Nido, una cabaña de 58 m2, empotrada en la montaña y sumergida bajo una espesa capa de árboles. Además, varios tipos de muebles esparcidos por el lugar, todos creados por el equipo, terminan de completar este laboratorio gigante.

El Nido, cabaña autoencargada por Felipe Uribe de Bedout

La sensibilidad artística y la materialidad, la necesidad de estar creando todo el tiempo, dice, vienen desde que era un niño y han sido una constante hasta ahora. Primero fue la pintura, luego los juegos con los bloques de Estralandia, de ahí a crear aeroplanos con balso y, aún adulto, el recinto del que nació su oficina es hoy el taller en el que se fabrican cada una de las maquetas de sus creaciones.

Era natural que, al momento de decidir su camino profesional, la arquitectura se mostrara como el más indicado. Paralelo al desarrollo de sus habilidades artísticas y manuales, siempre existió una atracción por lo urbano.

Su mirada, aún en la adolescencia, estaba configurada para detectar los rincones que les dan forma a las ciudades del mundo. En sus fotos de joven turista no están los típicos monumentos, sino que protagonizan las calles, las plazas y los parques.

De cuando era estudiante, recuerda particularmente un viaje que hizo a México y Guatemala. “La arquitectura maya y azteca es contundente. Además de que se encuentra en unos contextos de selva mágicos, hay algo fascinante en las ruinas y es que están abiertas a la interpretación”, comenta. Desde eso no ha parado de aprender en cada una de las excursiones que emprende.

“Lo que más me interesa ver es cómo una cultura se adapta a un espacio específico. Hay una relación con el entorno que se da desde los hábitos. Toda la actividad humana y las costumbres que se desarrollan alrededor de un lugar son las que le dan forma”, explica.

En ese sentido, su misión al llegar a cualquier lugar nuevo es ‘escuchar lo que ve’. “Trato de entender el porqué, mido pasos, me fijo en el material, reviso las distancias, las dimensiones, las proporciones. De igual manera, veo lo que escucho. Al hablar con la gente, mi atención está en sus rituales, problemas o preocupaciones y, en mi mente, esa conversación la estoy espacializando”, asegura el arquitecto.

Así es que cuando se reúne con un cliente nuevo, los proyectos rara vez terminan siendo como se pensaban inicialmente. “Como arquitectos, estamos capacitados para ayudarle a ver al cliente que hay algo más allá que ni siquiera intuye, que es aspiracional”, afirma.

En ese proceso, él es autor, participante activo de la génesis de cada concepto. “Me arriesgo con los diseños porque me tomo la molestia de pensar mucho. Lo que he hecho se mueve en una línea delgada, a veces creo que estoy forzando mucho las cosas, pero lo hago porque la arquitectura es un instrumento que cambia comportamientos”.

Por fortuna, se ha encontrado en su carrera con personas y empresas que le apuestan a algo diferente. En 1999, Empresas Públicas de Medellín inauguró el Parque de los Pies Descalzos, una de las primeras obras que inició la transformación de la ciudad. “Esa obra iba a ser un parqueadero con árboles, pero Javier Ceballos y Francisco Álvarez, de EPM, se arriesgaron a apoyar un proyecto que pretendía ser más”, cuenta.

De esta manera Felipe Uribe de Bedout se ha hecho una carrera con propuestas que, aunque diferentes en tipologías, cuentan con atributos que las hacen una sola obra coherente. Una constante es la búsqueda de equilibrio entre el urbanismo y el medio ambiente: Pies Descalzos integra el agua y el bambú, y el Parque de los Deseos, la arena, por ejemplo.

Sus diseños son extremistas, largas líneas y diagonales dan como resultado volúmenes contundentes y abstractos que son un lienzo para que sus usuarios les impriman el significado que quieran. En ellos tampoco pueden faltar los espacios cívicos, lugares de encuentro y convivencia que favorecen las relaciones sociales.

Resulta paradójico que esta manera acertada de mirar la ciudad se dé desde la lejanía del campo, desde su refugio en El Retiro. Él es consciente de esta observación, pero también es rápido en señalar que es precisamente porque allí, rodeado de árboles y flores, es capaz de ver con claridad lo que les hace falta a las urbes: esa conexión con la naturaleza que él y su equipo disfrutan cada día.

Y es que en este patio de juegos el Genio Constructor puede crear casi cualquier cosa que se imagina, tiene rienda suelta para explorar todas las posibilidades y deja volar su imaginación, atado al suelo por su propio presupuesto, para materializar lo que él llama autoencargos. El Nido es quizás el más impresionante de ellos. Fue una investigación que le tomó cinco años para diseñarlo, y para construirlo, dos. ¿Por qué someterse a tanto trabajo autoimpuesto?

“Ahí debato dos cosas muy importantes. Por un lado, el rigor, porque hago muchos planos, todos al milímetro. Y, al mismo tiempo, todo está lleno de improvisación y experimentación. Es imposible hacer eso con un proyecto para otros y creo que es muy importante estar sometiéndose permanentemente a esa confrontación de caos, azar, intuición”, asegura.

Y, aunque esa es la razón ‘racional’ que argumenta sus autoencargos, finalmente la otra, la más irracional sale a la luz: “esto me divierte mucho. Necesito hacerlo, es la materialidad. Sigue siendo Estralandia”■

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

FELIPE URIBE DE BEDOUT

Ciudad de origen
Medellín
Ocupación
Arquitecto
Locación
Medellín
Estudios
Universidad Pontificia Bolivariana

 

Anfitrión

En octubre de 2018 se presentó Anfitrión, el libro editado por Mesa Estándar. En él, Felipe Uribe de Bedout, en compañía de los editores, hacen un recorrido por 30 años de carrera en los que se examinan algunas de sus edificaciones desde un punto de vista arquitectónico, también encuentran lugar reflexiones personales, procesos creativos, cuadernos, agradecimientos, entre otros.

El nombre del libro hace referencia a una experiencia íntima y familiar del arquitecto, que al mismo tiempo se extrapola a su labor. “La casa de mis papás era la casa de los amigos porque a ellos les gustaba atender con la intención de que todo estuvieran bien y que los invitados no tuvieran afán de irse”, comenta. De igual manera, él es un anfitrión de ciudad a través de sus construcciones.

Para este año, planea dar a conocer en Colombia un nuevo libro, En sección, editado por Arquine y que se lanzó el año pasado en México.

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El Colombiano

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